Ey, emprendedor: llega a ser quien eres
Siempre que termino de leer algún libro (en especial las novelas) quedo con un poco de nostalgia. Quizá sea porque me gusta entrar en la vida de aquellos personajes que acompañan mis ratos de lectura. Pero esta vez no quiero dejar todo así como si nada. Creo que merece mucho más de lo que pretendo hacer en las siguientes líneas, sin embargo puede llegar a ser una gran herramienta para el emprendedor. Se trata de la novela “El día que Nietzsche lloró” de Irvin D. Yalom y las siguientes líneas pretenden ser una breve reseña de interés para el emprendedor que navegue por este blog.
“El día que Nietzsche lloró” nos coloca al frente de uno de los filósofos más importantes de la historia de la filosofía alemana: Friederich Nietzsche, cuya vida estuvo llena de perturbaciones, crisis existenciales y catársis filosófica. Me resulta de gran interés la forma en la que está abordada su vida en el libro y la supuesta terapia psicológica a la que podría haberse sometido con el Dr. Josef Breuer (escribió junto a Sigmund Freud “Estudios sobre la histeria”) en 1882, bajo la consigna: “…el futuro de la filosofía alemana está en peligro.” Es por demás fantástico el desarrollo de la novela entre el médico terapeuta judío y el filósofo del martillo. Una lucha constante por manipular y someter el uno al otro a su conocimiento y poder intelectual. Pero hay un espacio en particular donde me gustaría realizar una reflexión. Se encuentran Nietzsche y Breuer paseando por el cementerio judío de Viena y el filósofo del martillo comienza a golpear sobre la mente de yunque del terapeuta con una de sus principales ideas filosóficas: el Eterno Retorno.
Frente al eterno retorno de la existencia humana, entre el infinito del tiempo y lo finito de la fuerza, el Hombre una y otra vez vive y reproduce su historia, su destino. Aquello que hizo y lo que no. Las decisiones que tomó. Las oportunidades que dejó de lado. Los desafíos y miedos que enfrentó. Las emociones que experimentó al tomar una u otra elección. Se trata de decidir. De elegir con gusto y agrado tu propio destino. Que no sea impuesto por convencionalismos sociales, sino por amor fati: elegir nuestro destino, amar nuestro destino. Tomar las decisiones que consideramos correctas (propias), para que en el retorno eterno de nuestra existencia -¿Acaso no es posible que lo que pueda pasar haya pasado ya?, ¿No es posible que todo lo que ocurrió ahora haya sucedido antes?- y en el tránsito de este camino llamado destino, sea nuestro destino. Nuestro propio camino, transitado con nuestras propias decisiones, conforme a nuestra propia elección, en este tiempo y espacio determinado que se repite (y repetirá) una y otra vez. De modo que para Nietzsche, todos aquellos que logramos replantear nuestra historia somos emprendedores. Porque emprendemos nuestra historia de manera tal que si nuestra vida ya ocurrió, ocurre u ocurrirá de nuevo de la misma forma en como lo hacemos en este preciso instante… entonces pretendemos que suceda de la mejor manera posible. Que sea nuestra voluntad de poder la que determine nuestro pasado, presente y futuro. Ese es nuestro único deber. Los demás no existe. Nietzsche invita entonces a los emprendedores a vencer al tiempo, nuestro único enemigo. Pero sólo podemos vencerlo aprendiendo a vivir con él, para vencer los miedos, las adversidades y temores en estos días de inestabilidad económica. Apostar a nuestra histora. Apostar a nosotros mismos. A nuestro destino. Martillando con fuerza una y otra vez: “Llega a Ser quien Eres”.
Ey, emprendedor: llega a ser quien eres

Siempre que termino de leer algún libro (en especial las novelas) quedo con un poco de nostalgia. Quizá sea porque me gusta entrar en la vida de aquellos personajes que acompañan mis ratos de lectura. Pero esta vez no quiero dejar todo así como si nada. Creo que merece mucho más de lo que pretendo hacer en las siguientes líneas, sin embargo puede llegar a ser una gran herramienta para el emprendedor. Se trata de la novela “El día que Nietzsche lloró” de Irvin D. Yalom y las siguientes líneas pretenden ser una breve reseña de interés para el emprendedor que navegue por este blog.
“El día que Nietzsche lloró” nos coloca al frente de uno de los filósofos más importantes de la historia de la filosofía alemana: Friederich Nietzsche, cuya vida estuvo llena de perturbaciones, crisis existenciales y catársis filosófica. Me resulta de gran interés la forma en la que está abordada su vida en el libro y la supuesta terapia psicológica a la que podría haberse sometido con el Dr. Josef Breuer (escribió junto a Sigmund Freud “Estudios sobre la histeria”) en 1882, bajo la consigna: “…el futuro de la filosofía alemana está en peligro.” Es por demás fantástico el desarrollo de la novela entre el médico terapeuta judío y el filósofo del martillo. Una lucha constante por manipular y someter el uno al otro a su conocimiento y poder intelectual. Pero hay un espacio en particular donde me gustaría realizar una reflexión. Se encuentran Nietzsche y Breuer paseando por el cementerio judío de Viena y el filósofo del martillo comienza a golpear sobre la mente de yunque del terapeuta con una de sus principales ideas filosóficas: el Eterno Retorno.
Frente al eterno retorno de la existencia humana, entre el infinito del tiempo y lo finito de la fuerza, el Hombre una y otra vez vive y reproduce su historia, su destino. Aquello que hizo y lo que no. Las decisiones que tomó. Las oportunidades que dejó de lado. Los desafíos y miedos que enfrentó. Las emociones que experimentó al tomar una u otra elección. Se trata de decidir. De elegir con gusto y agrado tu propio destino. Que no sea impuesto por convencionalismos sociales, sino por amor fati: elegir nuestro destino, amar nuestro destino. Tomar las decisiones que consideramos correctas (propias), para que en el retorno eterno de nuestra existencia -¿Acaso no es posible que lo que pueda pasar haya pasado ya?, ¿No es posible que todo lo que ocurrió ahora haya sucedido antes?- y en el tránsito de este camino llamado destino, sea nuestro destino. Nuestro propio camino, transitado con nuestras propias decisiones, conforme a nuestra propia elección, en este tiempo y espacio determinado que se repite (y repetirá) una y otra vez. De modo que para Nietzsche, todos aquellos que logramos replantear nuestra historia somos emprendedores. Porque emprendemos nuestra historia de manera tal que si nuestra vida ya ocurrió, ocurre u ocurrirá de nuevo de la misma forma en como lo hacemos en este preciso instante… entonces pretendemos que suceda de la mejor manera posible. Que sea nuestra voluntad de poder la que determine nuestro pasado, presente y futuro. Ese es nuestro único deber. Los demás no existe. Nietzsche invita entonces a los emprendedores a vencer al tiempo, nuestro único enemigo. Pero sólo podemos vencerlo aprendiendo a vivir con él, para vencer los miedos, las adversidades y temores en estos días de inestabilidad económica. Apostar a nuestra histora. Apostar a nosotros mismos. A nuestro destino. Martillando con fuerza una y otra vez: “Llega a Ser quien Eres”.